
Por: Daniela y Giuseppe Gulino (Alleanza di famiglie).
Hay una palabra que recorre todo el Evangelio de este domingo y que puede iluminar profundamente nuestra vida como esposos: compasión.
Jesús mira a la multitud y no ve una masa indistinta. Ve personas heridas, cansadas, decepcionadas y confundidas. Ve corazones que buscan amor y no lo encuentran. Y ante esta realidad, no se irrita, no juzga, no se aleja: se conmueve.
El matrimonio nace precisamente de una mirada similar, cuando dos personas se casan cristianamente. No prometen amarse porque el otro sea perfecto, fuerte o siempre capaz de cumplir con las expectativas. Prometen amarse aceptando la fragilidad del otro. En el fondo, el verdadero amor conyugal comienza cuando se pasa del enamoramiento a la compasión, en el sentido evangélico del término: «Llevo tu fatiga en mi corazón».
Entonces Jesús dice: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos». Esta palabra nos concierne también a los matrimonios, porque hoy hay una gran «cosecha» en las familias: personas que tienen hambre de relaciones auténticas, hijos que buscan referentes, ancianos que desean ser escuchados, parejas heridas que necesitan testimonios creíbles.
Una familia cristiana no está llamada solamente a cuidar su propio bienestar doméstico. Está llamada a convertirse en una pequeña misión. La primera evangelización pasa a menudo precisamente al iniciar nuestra familia.
Jesús entonces llama a los doce por su nombre. No llama a una categoría; llama a personas concretas, con su historia y sus limitaciones. Esto es muy condolador para los esposos.
Jesús no espera a que una pareja sea perfecta para confiarles una misión. No dice: «Cuando ya no discutan, entonces podrán dar testimonio del Evangelio». No dice: «Cuando sean padres intachables, entonces los enviaré». Llama a personas frágiles.
Tampoco el sacramento del matrimonio transforma mágicamente a dos personas en santos. En cambio, transforma su fragilidad en un espacio donde Dios puede manifestar su gracia. Quizás uno de los mayores regalos que una pareja puede ofrecer a sus hijos es ver que mamá y papá no son perfectos, pero saben pedir perdón.
Finalmente, Jesús concluye con una frase sorprendente: «Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente». Esta es quizás la definición más hermosa del amor conyugal.
Cada cónyuge, si examina honestamente su propia historia, descubre que ha recibido mucho más de lo que merecía. Cuando se olvida esta gratuidad, el matrimonio se convierte en un ejercicio de contabilidad: «Yo hago esto, ¿qué haces tú por mí?». Surgen cuentas, resentimientos y exigencias.
Sin embargo, cuando recordamos que fuimos amados primero, entonces comenzamos a dar de nuevo. El amor conyugal crece no cuando se calcula, sino cuando se agradece.
El mayor milagro que puede ocurrir en un hogar no es la ausencia de problemas, sino poder, con la gracia de Dios, decir cada día: «Te veo, conozco tu fatiga y elijo amarte de nuevo».
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Jesús envió a sus doce apóstoles con instrucciones.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 9, 36–10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos». Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».
Palabra del Señor.