
Por: Ermelinda y Franco Cidonelli (Alleanza di famiglie).
La liturgia de este domingo viene a dar una nueva luz a nuestra vida familiar, que muchas veces se arrastra entre alegrías, pruebas, cansancio. Ya desde la primera lectura, una invitación preciosa, aunque inusual: «Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; […] coman […] sin pagar».
En un mundo donde reina el egoísmo que no nos muestra las necesidades de quienes están cerca de nosotros y donde todo tiene un precio, Dios todavía mira nuestras necesidades y quiere satisfacerlas «gratis». Una invitación que encuentra su cumplimiento en el Evangelio, donde se habla de una multitud que busca a Jesús y está cansada y hambrienta, y Jesús tuvo compasión por ellos (no una pena estéril, sino una compasión que expresa el deseo de soportar las penas, de sufrir con ellos…) .
Y mientras los discípulos que estaban con Jesús, al ver el hambre de la multitud, piensan despedirlos para que puedan proveerse o encontrar a quienes los ayuden, Jesús quiere proveer de inmediato y en persona esa necesidad, sin delegar ni posponer, dándoles a los discípulos y a nosotros una preciada lección: Ante una necesidad, no podemos quedarnos detenidos evaluando lo poco que podemos hacer para delegar a otros (gobierno, Iglesia, familia …).
Aún hoy, Jesús tiene compasión por el hambre de la multitud y somos la mirada atenta y providente, las manos, los pies con los que Jesús responde a esta «hambre», partiendo precisamente desde nuestra pequeñez. Aún más, si pensamos que muchos «hambrientos» no van a la iglesia, pero están cerca de pequeñas iglesias domésticas (familias), muchos hambrientos no son conocidos y rescatados por la Iglesia, pero pueden ser conocidos y rescatados por las pequeñas iglesias que se encuentran en cada vecindario o suburbio.
El hambre de comunión, de estabilidad, de paz, de alegría además de pan, todavía aflige a muchas familias que buscan a Jesús, que buscan un punto de apoyo, y Jesús todavía tiene compasión y nos dice: «Denles ustedes de comer» y no se preocupen por lo poco que puedan ofrecer; ese poco, dado con amor, se convertirá en mucho y será suficiente no solo para los hambrientos que tenemos ante nosotros, sino que avanzará para que otros y otros sean alimentados, y nosotros también disfrutaremos de la alegría y la esperanza. Solo de esta manera, cada familia podrá experimentar la compasión de Jesús, ya que, verdaderamente, como dice la Palabra: Nada puede apartarnos del amor de Dios.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Todos comieron hasta saciarse.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer». Pero Jesús les replicó: «No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer». Ellos le contestaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados». Él les dijo: «Tráiganmelos». Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.