El tesoro es la presencia de Dios, del amor, en nuestro hogar; quien lo encuentra lo prioriza, lo busca y lo protege
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
En las parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa, Jesús resalta el aspecto más importante de la vida cristiana: ¡el Reino de Dios es un reino de amor!
Un reino de enamorados, de personas conquistadas por «Alguien» que ha seducido sus corazones. ¡Sí, un reino de amor! ¿Qué puede impulsar a alguien a venderlo todo para comprar ese campo donde ha descubierto un tesoro, sino el amor por ese tesoro, el deseo de hacerlo suyo? Porque lo estima, lo aprecia, lo considera de un valor único y superior, y por eso lo ama tanto que está dispuesto a venderlo todo para poseerlo. Y de la misma manera, el mercader de perlas preciosas, por amor a esa perla, lo vende todo para tenerla.
Lo mismo sucede cuando nos enamoramos: aparece en nuestros corazones algo escondido e inesperado que altera completamente nuestra vida; todo se vuelve más bello, más fácil, más completo, y estamos dispuestos a todo por la persona amada.
Esto no es más que un pequeño y lejano signo de aquel amor más profundo, más fuerte y más grande al que cada persona está llamada a realizar en Dios.
Cuando el Padre nos creó, en su divina imaginación, también nos pensó juntos, como pareja: un hombre y una mujer que son, en el mundo, signo de un amor más grande.
Para nosotros, los esposos cristianos, el tesoro es la presencia de Dios en nuestro hogar y en nuestra relación; quien encuentra el tesoro vende todo para comprar el campo, lo cuida, lo busca y lo protege.
El tesoro debe ser custodiado cada día, a cada momento. Hoy, son muchos los peligros a los cuales puede estar expuesto nuestro amor, que sin Dios es frágil y presa fácil para quienes siembran incomprensiones y divisiones.
Oremos juntos, encomendémosle todo a Él e invoquemos al Espíritu Santo, quien nos dará fortaleza en nuestra entrega mutua diaria.
El matrimonio cristiano es una alianza de tres, porque Dios camina con nosotros.
En una pareja, cada persona acoge a la otra en su singularidad, dejando de lado el egoísmo para dar cabida al ser amado y acogiéndolo como un don de Dios. Fuimos creados para esto, y toda nuestra insatisfacción y desilusión tiene su raíz escondida en la frustración de no corresponder plenamente a la imagen y semejanza del Dios Trinidad.
Nuestro amor y la relación con el amor de Dios son nuestro «tesoro escondido», nuestra «perla preciosa».
El descubrimiento de este amor que nos trasciende es fuente de gozo. Para los cónyuges cristianos, este gozo es la fuerza para permanecer unidos en las buenas y en las malas, para convertirse en amor, para ser amor, para ser transformados por el amor. ¡Este es el Reino de Dios aquí en la tierra!
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Vende cuanto tiene y compra aquel campo.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí». Entonces él les dijo: «Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».
Palabra del Señor.
