Jesús es el «Buen Pastor» también de nuestras familias y de nuestros matrimonios
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
Una bellísima página del Evangelio la de hoy; casi parece un cuadro, un lienzo en el que destaca sobre todo la imagen del pastor.Jesús utiliza una figura que en nuestros días ya no nos resulta tan familiar como lo era hace 2000 años. Por eso es necesario recuperar el sentido y el valor del pastor para comprender toda su profundidad.
En tiempos de Jesús (y en toda la antigüedad) la pastoría era un trabajo muy común, un medio para ganarse la vida. Las ovejas daban sustento a la familia y eran signo evidente de riqueza, porque representaban un recurso: daban leche, lana y carne. El pastor cuidaba de sus ovejas, las protegía de los ladrones y de los animales rapaces.
La relación entre el pastor y las ovejas era estrecha: ellas lo seguían y reconocían su voz, confiaban en él porque él cuidaba de ellas.
Un día Jesús dijo directamente: «Yo soy el Buen Pastor».
Jesús se presenta en el Evangelio como el pastor porque muestra cómo, a través de sus gestos y sus palabras, Dios cuida de las personas que ama.
Él guía a su rebaño con amor, protegiéndolo de los lobos, hasta dar la vida por sus ovejas.
Esto es lo que hace el «Buen» Pastor: dar la vida por sus ovejas.
«Las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre… y ellas lo siguen, porque conocen su voz» (Jn 10, 3).
Cristo Pastor nos llama por nuestro nombre; cada uno de nosotros es único e irrepetible a sus ojos. Para Dios el hombre es importante; es por él que Él da la vida: su vida por nuestra vida.
Él «ofrece» su vida por cada uno de nosotros. Aquí se manifiesta el designio de Dios que une toda la obra de la salvación: desde siempre y para siempre ofrecer la vida para salvar la nuestra.
La figura del pastor ha estado tan unida a la de Jesús que ha llegado hasta nosotros, a lo largo de los siglos, en los pastores de la Iglesia: los obispos.
Jesús es el «Buen Pastor» también de nuestras familias y de nuestros matrimonios.
Él nos guía hacia los pastos del amor, del diálogo y de la acogida, y nos enseña a tener su misma mirada: la mirada de pertenencia mutua entre los esposos, el darse, el ofrecerse el uno al otro, ser custodios el uno del otro y, juntos, de los hijos.
El «conocimiento» entre los dos esposos es intimidad profunda, pertenencia y don; una intimidad que genera amor porque ella misma es amor. El conocimiento que nos enseña Jesús Pastor no es algo superficial, sino íntimo y profundo. Él da la vida, custodia la vida de los esposos y no permite que los muchos lobos rapaces de hoy despedacen a las familias que le pertenecen. Jesús ofrece la vida: nos da su modo de amar, «como yo los he amado» (Jn 15,12), su modo de luchar para defender la vida, hoy tan amenazada por la cultura materialista.
Las familias están llamadas a asumir el papel del «Buen Pastor», del pequeño rebaño que les ha sido confiado: la familia. En la vida cotidiana, «dar la vida» significa, en primer lugar, dar nuestro tiempo, ser todo para el otro, en una escucha atenta, no distraída, mirándose a los ojos; captar sus necesidades y fragilidades. Eso es decir: «Tú eres importante para mí, yo te amo».
Podemos aprovechar este tiempo para redescubrir la belleza de «estar» en familia, de permanecer (permanecer es el verbo del amor) con los seres queridos y saborear la belleza de relaciones que tal vez con el tiempo habían caído en la rutina.
El pastor es también quien procura el alimento, porque lleva las ovejas al pasto.
Hoy, más que nunca, en muchas familias falta incluso lo necesario. Jesús, Buen Pastor, hace un llamamiento a cada uno de nosotros, a nuestro sentido de responsabilidad, y llama a las familias a compartir también el poco pasto que tenemos. Nos invita a encontrar nuevos modos de socorrer las tantas necesidades materiales y espirituales de un mundo tan probado.
Dejémonos alcanzar por su voz, por Aquel que nos conoce y nos ama, por Jesús que es al mismo tiempo Pastor y Puerta para todos. Debemos pasar a través de la Puerta: en Él, con Él y por Él, para tener la plenitud de la vida, para saborear aquellos pastos verdes y para abrevarnos en las aguas tranquilas de la vida eterna. ¡Amén!
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas.
✠ Del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»..
Palabra del Señor.
