
(cf. Isaías 49, 15)
El tema escogido por el Santo Padre León XIV para la celebración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, «Yo nunca me olvidaré de ti» (cf. Isaías 49, 15), nos invita a reconocer que el amor fiel de Dios es la respuesta más profunda a la soledad y el olvido en los que demasiado a menudo se terminan perdiendo las vidas de los mayores. Es un mensaje de consuelo y esperanza: el Señor conoce el rostro de cada persona, no olvida a nadie y su amor nunca cesa, ni siquiera en la fragilidad de la vejez.
La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida en 2021, ayuda a nuestras comunidades a poner a las personas mayores cada vez más en el centro, no de forma extraordinaria u ocasional, sino de manera ordinaria y estructural. Es una pedagogía que nos enseña a reconocer su papel insustituible como guardianes de la memoria, testigos de la fe y maestros de vida.
En esta VI edición, se nos llama a enfatizar con especial fuerza la dimensión de la proximidad. Invitamos a las comunidades parroquiales y a todos, a hacerse cargo, de forma especial, de aquellos que viven solos, de quienes transcurren sus días en asilos, de quienes no reciben visitas. Que la Jornada sea para todos –y especialmente los más jóvenes— una ocasión concreta para acercarse a sus abuelos, a los mayores de sus propias familias y, sobre todo, a aquellos que no tienen a nadie que los acompañe.
La celebración de la Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores representa uno de los momentos privilegiados en los que la Iglesia expresa su atención pastoral hacia los hermanos y hermanas de edad más avanzada, pero no agota de por sí la riqueza y la continuidad que deben animar la vida de las comunidades cristianas a lo largo de todo el año. Es en la cotidianidad del tiempo —en la visita semanal, en la escucha paciente, en la oración compartida— donde las palabras del profeta encuentran su traducción más auténtica.
El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, sugiere articular la celebración de la Jornada entorno a dos gestos fundamentales: 1) la celebración de una liturgia eucarística dedicada a los ancianos y, 2) la visita a los ancianos de la propia comunidad que están solos.