Vivir en «modo compasión»

XVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Mateo 13, 44-52

Jesús continúa enseñando en tiempo real. Aunque de vez en cuando se retira a descansar, la urgencia de la venida del Reino le apremia. Su tiempo es limitante, pero, las necesidades de sanación, curación y salvación, no respetan días de descanso. En cualquier pueblo encuentra seres humanos enfermos de ansiedad, frustraciones, desánimo, desesperanza. El sufrimiento que hay a su alrededor le pide vivir su misión salvadora con pronta y efectiva compasión.

El estilo de Jesús me hace pensar en el ambiente en el que estamos inmersos y las actitudes a asumir. Los ruidos, las esperas, las ofertas -en tiempos engañosamente preelectorales- hacen pensar y soñar en soluciones mágicas y favorables. Espero que también se expresen en la responsabilidad compasiva y compartida.

Con frecuencia escuchamos reclamos, quejas, gritos; también propuestas, palabras de ánimo, llamados a la responsabilidad, invitaciones a la esperanza activa. Con todo y el ejemplo maravilloso de muchos ciudadanos activos, todavía no se nota la pasión social que se requiere para enfrentar juntos los retos de los tiempos apremiantes que vivimos. Es que, cuando una causa nos apasiona, no nos debería causar insomnio el invertir y darlo todo. Sería como comprar un tesoro, una perla fina, una red de calidad pensando en el presente-futuro de nuestra gente.

En el Evangelio que escuchamos el último domingo de julio, Jesús nos lleva de la mano para que aprendamos a caminar con pasión por la vida y más allá. El Reino de Dios es presentado como ‘una pasión’, como una realidad que inspira, afecta, sostiene e implica a todos. Cuando descubrimos, alimentamos y cultivamos esa pasión quedamos enganchados, solamente vivimos para ello. El verdadero amor tiene cara de humanismo sanador, integrador, concertador; dignifica al que da y al que recibe, a todos.

En el hoy que vivimos también podemos encontrar historias de humanismo en los rincones más escondidos de callejones, calles, avenidas y atajos de la vida. Son hechos precisos, concretos, oportunos que aportan y generan vida; éstos inspiran y sostienen en la esperanza a muchas personas. No son noticia pública, pero están ahí como el grano de mostaza y la levadura. Son personas que testimonian y ‘hacen’ el Reino de Dios’. Han encontrado el tesoro y la perla; ya no pueden vivir sin compartir el Reino y su justicia, su presente y su futuro.

Todos estamos llamados a trabajar en el Reino con pasión y esperanza. Basta estar dispuestos a ‘vender todo’ para que a nadie falte una sonrisa esperanzadora y un pan que compartir. ‘Hacer’ Reino está al alcance del que busca, encuentra y echa las redes; de quien combina la gracia de Dios, el esfuerzo propio y el trabajo con los demás. ¿Es posible encontrar gente con este perfil en un mundo, pasivo y cansado, después del mundial de futbol? Pueden ser personas que han encontrado en Jesús y su Reino el tesoro, la perla, la red. Jesús nos puede hacer capaces de vivir permanentemente en ‘modo compasión’.

Con mi bendición al terminar el mes de julio.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *