
Por: Soraya y Michele Solaro (Alleanza di famiglie).
La relectura de la Palabra de Dios, desde una perspectiva que mira al contexto de la vida matrimonial y de las relaciones familiares, ofrece muchos puntos de reflexión que nos interpelan, en particular, sobre los aspectos de la fidelidad y de la responsabilidad.
En primer lugar, Jesús nos recuerda que toda expresión de respeto humano no procede de sí misma y no es un fin en sí mismo. No se puede ser fiel y responsable con el otro si primero no se es fiel y responsable con Dios y su Palabra.
No puede ser el respeto a una norma humana, que por muy articulada que sea queda siempre imperfecta, lo que permita una vida en la que reine la armonía y la paz, sino caminar «en la ley del Señor» (Sal 118).
Jesús no viene a «abolir la ley» sino a hablarnos de la necesidad de tener un corazón puro. Viene a decirnos que no es suficiente con no matar, con no cometer adulterio, con no jurar en falso o con comportarnos en apariencia bien para favorecer el bien de quienes viven a nuestro lado, porque puede haber sentimientos anidados en el corazón, capaces de causar consecuencias devastadoras.
Jesús nos habla de la necesidad de buscar la pureza de corazón en los esposos y en la familia. Esta búsqueda es indispensable para dejarse conducir por el camino del bien. Hay, en efecto, una responsabilidad que todos los miembros de una familia tienen entre sí, si de verdad se quieren, es decir, si quieren dar al otro no tanto lo mejor, sino lo que realmente necesita, y esta necesidad Dios la da a conocer y la deposita sólo en un corazón puro, que confía totalmente en Él, porque se reconoce limitado e inadecuado.
Encomendémonos, pues, al Señor Jesús, que está vivo y activo sobre todo en los sacramentos presentes en su Iglesia. Buscar y recibir frecuentemente la gracia que brota de ellos, en la comunión y en la confesión, no es sólo un acto de fe sino también de responsabilidad hacia nuestras familias, llamadas a ser santas.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Han oído lo que se dijo a los antiguos; pero yo les digo. . .
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos. Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo. Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. También han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio y el que se casa con una divorciada comete adulterio. Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno».
Palabra del Señor.