
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
En esa noche santa, José y María acogían al Niño en un establo; le escuchaban sus llantos mientras extasiados observaban su carita.
María lo acunaba en sus brazos. José tomaba paja del pesebre para hacer una pequeña cuna donde colocar al bebé recién nacido, para ir a buscar agua o leche para su María.
¡Qué alegría se respiraba en ese momento! ¡Qué mirada de amor entre los tres! ¡Un silencio lleno de asombro y de maravilla!
La sagrada familia: icono de toda familia en la que se respira y se vive el amor.
Cada año, esperamos la Navidad del Señor Jesús con inquietud pero, tal vez atraídos y distraídos por las luces, por los regalos, por las comidas y por las mil cosas por hacer, no gozamos ya de esa mirada de amor y de asombro de María y de José hacia el Santo Niño.
La ternura y el gozo de contemplar al Amor que se hace carne en un niño es un privilegio que nos es dado: Por tanto, como pastores modernos que reciben el anuncio del ángel, detengámonos de nuevo a adorar al Dios-niño.
La Navidad es el himno a la vida: en cada niño que nace, el cielo y la tierra se unen, «hacen las paces».
¡La Palabra de Dios se hace hombre, entra en la historia, entra en una familia! Es en una familia donde se ha celebrado la «primera» Navidad, la familia pobre y humilde de Nazaret.
María y José han hecho de su amor el único refugio verdadero para ese Niño. Jesús ha experimentado la ternura del amor de un papá y de una mamá. Es en cada familia donde aún hoy el Señor pide habitar; en familias «imperfectas», donde se experimenta cada día el trabajo de ser ella misma, es decir, una «íntima comunidad de vida y amor» (cf. GS, 48); en familias probadas por todas las dificultades: enfermedades, duelos, problemas económicos, en hogares donde falta hasta el sustento necesario; en los más desheredados, en los que se quedan sin casa, sin bienes, sin futuro.
Jesús viene por nosotros, es «Dios con nosotros». Todos podemos aceptar el mensaje del profeta Isaías: «Sean fuertes, no teman. ¡Aquí está su Dios!… Él en persona viene a salvarlos a ustedes» (Is 35,4). Ya que el Hijo de Dios ha asumido nuestra humanidad, todas las esperanzas son posibles: «Hoy les ha nacido un Salvador» (Lc 2,11).
Toda la creación glorifica a Dios. Esta es la misión de toda familia: ser mensajeros de esta alegría en el mundo. ¡Feliz Navidad de Jesús a todos los hombres de buena voluntad!
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros
✠ Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18.
En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz]. Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios. Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: «A éste me refería cuando dije: «El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo»». De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.
Palabra del Señor.