
Por: Ivana y Giovanni Granatelli (Alleanza di famiglie).
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, queridas familias, amadas por el Señor, hoy celebramos el primer domingo de Adviento, tiempo de preparación y de espera, pero también de misión, tiempo de salvación y oración, tiempo de conversión, tiempo de luz y amor generoso, tiempo de anuncio y esperanza.
La Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar atentamente sobre el estilo de vida de nuestro tiempo, que, en algunos aspectos, no dista mucho del de la época de Noé. El libertinaje, la embriaguez, la injusticia, la violencia y la impureza han marcado cada época y lugar de la historia de la humanidad.
Incluso hoy, como en el pasado, seguimos comiendo y bebiendo, casándonos y dándonos en matrimonio, y la mayoría de las veces, esto es especialmente cierto para nosotros, los cristianos, como si el Señor nunca fuera a volver. Ciertamente, hay quienes buscan a Dios, pero también hay quienes lo rechazan, quienes caminan en la luz y quienes se pierden en la oscuridad, quienes desperdician su vida y quienes la dan generosamente.
¡Cuántas heridas por sanar! ¡Cuántas lágrimas por secar! ¡Cuántas ofensas por perdonar! ¡Cuántos vacíos por llenar! ¡Cuántos obstáculos por superar! ¡Cuántos nudos por desatar! ¡Cuánta oscuridad por disipar!
Queridos hermanos, esta es nuestra certeza: esperamos al Señor que viene. Pero no lo esperemos solo al final de los tiempos. Esperémoslo ahora, esperémoslo hoy, esperémoslo cada día.
Ven, Señor Jesús, y despierta nuestros corazones adormecidos. Ven y sacude nuestras conciencias, acostumbradas a la miseria y la degradación que nos rodea. Ven y toca nuestras mentes, envenenadas por el aire que respiramos, que cada vez huele más a pecado y muerte. Como verdaderos soldados de Cristo, como centinelas de la misericordia, como constructores del Reino de los Cielos, queremos velar y no dormir, estar vigilantes y no desfallecer, luchar la buena batalla y nunca rendirnos. Que nuestros hogares sean muchas pequeñas arcas, siempre listas para acoger, proteger, alimentar a quienes piden ayuda, a albergar a quienes desean hacer el santo camino con nosotros. Que nuestro hogar sea un puerto donde podamos encontrar refugio cuando la tempestad acecha afuera, una posada segura donde, exhaustos, podamos descansar. Que nuestro hogar, fortificado por la presencia de Jesús y María, sea una ciudad inexpugnable contra todo ataque del enemigo.
Ven, Señor Jesús, a nuestras vidas cada día. Visita nuestros hogares y nuestras familias. Irrumpe hoy en nuestra historia. Ven y nace en nuestros corazones, en nuestras relaciones, en nuestros matrimonios, en las fragilidades y dificultades, en los sufrimientos y las fatigas de cada día, en las faltas de amor, en los malentendidos, en las discusiones, en los razonamientos, en la pobreza material y espiritual. ¡Ven, Señor Jesús, a nuestro camino! Nosotros te esperamos. Deseamos ser cautivados cada momento por ti, por tu amor, por tu ternura, por tu verdad, por tu belleza y por tu fidelidad. Oh, Señor, que tu Palabra, como un dardo de fuego, llegue a lo más profundo del corazón de cada hombre, para que se convenza, cambie de rumbo y ponga el timón en tus manos para alcanzar la meta de la verdadera felicidad. Amén. Aleluya.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Velen y estén preparados.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44.
«Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo’ del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y sé casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.