
Aunque en México el evangelio del 14 de septiembre de 2025 corresponde al del XXIV del tiempo ordinario (Lc 15, 1-32), en el resto de la Iglesia universal, incluida Italia, se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Por ello, la reflexión para familias sobre el evangelio realizado por Alleanza di Famiglie, corresponde al de esta fiesta (Jn3, 13-17).
Por: Daniela y Giuseppe Gulino (Alleanza di famiglie).
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él».
En la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, contemplamos el signo luminoso del amor de Dios que salva y transfigura todo nuestro sufrimiento. En el evangelio de hoy, Jesús se revela como el Esposo que desciende del cielo para unirse a su esposa, la humanidad. No permanece distante, sino que entra en nuestra historia, hasta el punto de dejarse «levantar» en la cruz como signo de amor esponsal: allí se entrega por completo, sin guardarse nada para sí. El cuerpo suspendido entre el cielo y la tierra se convierte en el signo de la boda eterna entre Dios y el hombre.
Así como Moisés levantó la serpiente para sanar, Cristo se deja levantar para atraer hacia sí a la esposa herida, para que, al mirarlo, reciba vida. La palabra nos muestra que el amor de Dios nunca es posesión ni condena, sino don que salva; es un amor que no calcula, que no espera recibir, sino que se entrega para que el otro viva; es un amor que libera y eleva.
Este misterio también ilumina la vida de pareja. Todo matrimonio está llamado a reflejar algo de esta alianza: cuando uno de los cónyuges elige guardar silencio para no herir, cuando se perdonan en lugar de reprocharse, cuando se permanece al lado en las fragilidades del otro sin sentirlas como una carga, ahí se hace visible el mismo amor que Cristo mostró en la cruz.
El matrimonio se convierte así en un Evangelio vivido: dos vidas que se ofrecen la una a la otra no por obligación, sino para preservar la alegría del otro. Dar tiempo, escuchar, cuidar: pequeños gestos cotidianos que se convierten en íconos de la entrega infinita de Cristo. Y así como la cruz no fue el final, sino el inicio de una nueva vida, también en las parejas, cada dificultad, si se vive con amor, puede transformarse en luz y vida. Creer en Jesús significa entonces acoger este amor total y dejarse transformar por él, aprendiendo a vivir la alianza no con miedo a la condenación, sino con la alegría de un amor que salva y nunca deja de renovarse.
Les ofrecemos una oración que pueden rezar juntos cada noche:
Señor Jesús, tú eres el Esposo que dio su vida por su esposa.
Enséñanos a amarnos con el mismo corazón, a no condenarnos, sino a apoyarnos y salvarnos mutuamente cada día.
Danos la gracia de no detenernos en los defectos del otro, sino de mirar siempre con ojos de bondad, recordando que somos un don el uno para el otro.
Haz que, en las dificultades, sepamos elegir el perdón, en las incomprensiones, la paciencia, en las alegrías, la gratitud.
Así como fuiste levantado en la cruz para atraer a todos hacia ti, haz también que nuestro amor atraiga a nuestros hijos, a los amigos y a quienes encontremos, para que puedan ver en nosotros un reflejo de tu amor fiel.
Amén
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
El Hijo del hombre tiene que ser levantado.
✠ Del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17.
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él».
Palabra del Señor.