
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
Después del arresto de Juan, Jesús reúne al grupo de discípulos que estarían con él. Va a Cafarnaúm y comienza a predicar, manifestando que «¡el reino de Dios está cerca!».
Se encuentra con los dos hermanos pescadores y otros dos hermanos que remendaban sus redes y los llama a seguirlo. Cuando Jesús llama, no queda más remedio que «dejar las redes» y seguirlo inmediatamente. Quienes son llamados parten: sin titubeos, saben en quién depositan su esperanza.
Una vocación, un llamado que implica aventurarse más allá de la propia seguridad, de las propias comodidades, para seguir a Aquel que da la única Palabra de vida eterna. Partir para encontrar algo más: ¡el sentido profundo de la vida! ¡Es amor a primera vista!
Jesús anuncia que el reino de Dios está cerca, y que incluso hoy está presente entre nosotros. Nos llama a la conversión porque el reino de paz, justicia y alegría en el Espíritu se realiza tomando elecciones concretas, siguiendo la palabra y el ejemplo de Jesús.
Jesús nos llama, como esposos, a colaborar para que juntos podamos llevar la luz de la gracia que marca la diferencia en un mundo a menudo marcado por la injusticia social, la explotación, la guerra y mucho más.
Nuestras familias están llamadas a practicar la misericordia y el perdón, a tomar decisiones diarias siguiendo el ejemplo de Jesús y a difundir el amor que salva a nuestro alrededor.
Es un llamado que ocurre en lo cotidiano de nuestra vida, por pobre o rica que sea, en medio de nuestras fragilidades y dentro de nuestras limitaciones. Los llamados, los elegidos, son diferentes entre sí, cada uno con sus propias experiencias, con diferentes historias y caracteres, pero juntos son una comunidad.
Los esposos, de la misma manera, son llamados. Ellos se integran se complementan, siendo diferentes entre sí, pero al mismo tiempo son uno porque en Jesús son «una sola carne», representan la unidad en la diversidad, la unidad que evangeliza, ¡son la buena noticia!
El arresto de Juan el Bautista marca el inicio de la predicación de Jesús. Un tiempo nuevo que rinicia con el anuncio del Reino y con una invitación: ¡conviértanse y crean! No nos resulta fácil empezar a pensar de forma diferente.
En el matrimonio, los esposos no sabemos con certeza adónde nos llevará el Maestro, pero nos dejamos guiar, porque tenemos la certeza de el Amor no abandona, no decepciona, y en Él encontramos el sentido y la razón de nuestra existencia.
Desde hace dos mil años, Jesús continúa recorriendo nuestros caminos. Necesita nuestro «sí», invita al ser humano para ser su colaborador. Las familias pueden ser las manos tendidas a los necesitados, la palabra que consuela, la ayuda concreta para los que sufren. «Síganme y los haré pescadores de hombres».
No sin nosotros, sino respetando nuestra libertad, ¡Jesús nos pide que sigamos siendo fuente de esperanza!
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Fue a Cafarnaúm y se cumplió la profecía de Isaías.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: «Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos». Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme y los haré pescadores de hombres». Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron. Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Palabra del Señor.