
Por: Soraya y Michele Solaro (Alleanza di famiglie).
Nuestra verdadera riqueza está en Dios. El corazón humano nunca está suficientemente a salvo de las seducciones del mundo, del deseo de poseer bienes materiales o de dominar a sus semejantes. San Pablo, sin rodeos, en la segunda lectura de hoy, nos exhorta a dar muerte a todo lo malo que hay en nosotros.
¿Cómo puede la familia, fundada en el sacramento del matrimonio, ser anunciadora, testigo y guardiana de la nueva vida en Cristo? ¿Qué actitudes, tanto dentro como fuera de ella, pueden hablar de un destino último que va más allá de los horizontes terrenales?
Si nuestros esfuerzos, compromisos e incluso expectativas, que justamente deben formar parte de nuestra vida familiar, tienen como fin exclusivamente a la realización personal, el bienestar y la seguridad económica, excluyendo la posibilidad de una escuccha sincera de lo que Dios quiere realizar a través de nosotros, no estamos buscando el verdadero bien.
Es verdaderamente paradójico ver cómo la misma sociedad que es capaz de empobrecer al hombre en todos los aspectos —material, moral, ético y espiritual— induce luego a idealizar ciertos modelos de vida presentados como «buenos» y fácilmente alcanzables, pero que se sustentan en la alteración de los significados mismos de la riqueza, la belleza, la justicia y la verdad.
No siempre el derecho a una vida mejor, a la salud o a la libertad coincide con el verdadero bien. Basta pensar en las muchas situaciones en las que se cuestionan los derechos no negociables.
Por lo tanto, la familia está llamada a ser protagonista en esta época turbulenta; está llamada a vigilar y a saber reconocer la Verdad. La nuestra es una misión elevada, que habla de la alianza eterna con Dios, que es capaz de abrir, en quienes encontramos, un destello de eternidad si, también nosotros en primer lugar, escuchamos la palabra del Maestro, la voz del Espíritu Santo que continúa diciéndonos que nuestra vida no depende de lo que poseemos, logramos o llegamos a ser, sino de cuánto nuestro corazón está orientado hacia el Padre del cielo y de la tierra, quien a través de Jesús muestra su rostro. Él es la fuente de la felicidad.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
¿Para quién serán todos tus bienes?
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21.
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?» Y dirigiéndose a la multitud, dijo: «Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea». Después les propuso esta parábola: «Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: «¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida». Pero Dios le dijo: «¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?» Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios».
Palabra del Señor.