
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
La mirada del hombre a menudo se dirige a la «cantidad». Jesús no responde a la pregunta de los «tales» respecto al número de los que se salvarán. La salvación es para todos y para cada uno. ¡Es salvación en la medida en que vivimos nuestra relación personal con el Señor, en el modo en que el evangelio se hace vida en nuestros hogares, en las relaciones que tejemos con el cónyuge, con los hijos, y en nuestras comunidades! Podemos ser los trabajadores de la primera o de la última hora, no importa. Lo que cuenta es la buena noticia recibida y vivida; «los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos».
La puerta estrecha por la que debemos atravesar cada día pasa por acoger la voluntad de Dios, dejando que su amor envuelva y llene de sentido toda nuestra vida. Atravesar la puerta estrecha es el medio para salir de la angustia de un mundo sin amor, es la apertura hacia Dios y hacia el hombre «fatigado y oprimido» que encontramos cada vez más en nuestros caminos: «Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios». El Señor nos pide que tengamos una mirada amplia, que colaboremos con Él en la expansión de su reino. Cristo mismo es la puerta (cf. Jn 10, 9) que nos introduce en Dios Padre.
Apresurémonos entonces a entrar. No suceda jamás que el Señor pueda no «reconocernos». ¡Estemos atentos! No apaguemos el espíritu. Alimentemos nuestra fe con la oración, el intercambio de amor y el diálogo filial entre nosotros y el Señor que nos llena de infinito. Nutrámonos de la palabra y de los sacramentos que actualizan el misterio profundo del amor de Dios. Glorifiquemos al Señor con gestos concretos de ternura, de perdón y de misericordia, con la celebración de liturgias cotidianas en nuestras casas, con lo sencillo pero precioso, con la certeza de que Jesús está con nosotros, ofreciéndole todo: alegrías y pruebas, a Él que es amor sin límtes.
«Quisiera hacerles una propuesta —dijo el Papa Francisco—. Pensemos ahora, en silencio, por un momento, en las cosas que tenemos dentro de nosotros y que nos impiden atravesar la puerta: mi orgullo, mi soberbia, mis pecados. Y luego, pensemos en la otra puerta, aquella abierta de par en par por la misericordia de Dios que al otro lado nos espera para darnos su perdón» (Papa Francisco, Ángelus, 21 de agosto de 2016).
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Vendrán del oriente y del poniente y participarán en el banquete del Reino de Dios.
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30.
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?» Jesús le respondió: «Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: «¡Señor, ábrenos!» Pero él les responderá: «No sé quiénes son ustedes». Entonces le dirán con insistencia: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él replicará: «Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal». Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos».
Palabra del Señor.