
Por: Alessandra y Luca Monsecato, (Alleanza di famiglie).
La liturgia de este domingo tiene como elemento central al cristiano en misión, llamado a llevar al mundo entero el anuncio del amor de un Dios que se hizo hombre y que murió y resucitó por todos nosotros.
¡Jesús no manda a los discípulos solos! Lucas es muy preciso al indicar que en una misión se va de dos en dos y no individualmente. Este «de dos en dos» recuerda a la pareja de esposos y nos hace pensar que el sacramento del matrimonio tiene arraigado en sí mismo un mandato importante que viene entregado automáticamente a la familia cristiana. «Para llevar el amor de Dios a las familias y a los jóvenes, que construirán las familias del mañana, necesitamos la ayuda de las propias familias, de su experiencia concreta de vida y de comunión —dice el Papa Francisco—. Necesitamos cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente en el sacramento del matrimonio para dar ternura, paciencia y esperanza a todos, en cualquier situación de la vida».
Incluso si vamos al mundo como «corderos en medio de lobos», no debemos temer: el Señor proveerá siempre para proporcionarnos lo que necesitamos. Nosotros, familias cristianas en camino, experimentamos cada día nuestras limitaciones y nuestras situaciones de pobreza, con la conciencia de estar acompañadas por el amor fiel y constante de Dios Padre.
En un mundo que vive sin la esperanza de Cristo resucitado, tenemos el deber de anunciar a todos la belleza de la vida: no se nos exigen desempeños de alto nivel, sino ser testigos auténticos de la resurrección, haciéndonos cercanos y compartiendo la vida de los demás con simples acciones cotidianas. No necesitamos armas ni ejércitos, sino que es el poder del Espíritu Santo, que sopla y da vida al mundo, lo que nos hace esposos capaces de operar en situaciones terribles que sólo la gracia de Dios puede transformar.
Pidamos al Espíritu que nos haga dóciles a la misión, prontos a salir al campo, a inquietarnos y a trabajar para que nuestras acciones se conviertan en anuncio concreto del Evangelio para la construcción del Reino de Dios.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
El deseo de paz de ustedes se cumplirá.
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes, se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’. [Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad». Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo».
Palabra del Señor.