
Por: Rosa María y Giorgio Middione (Alleanza di famiglie).
En el pasaje de este domingo, el evangelista Lucas enuncia un diálogo entre Jesús y sus discípulos en el que se habla de destrucción, guerras, terremotos, hambre y epidemias, y otros eventos catastróficos que probablemente pertenecen ya al momento histórico actual que estamos viviendo.
Los discípulos hacen muchas preguntas y Jesús sugiere indicaciones sobre cómo es necesario prepararse para ese día que llega, y cuán importante es leer los signos de los tiempos que lo preceden, viviendo con vigilancia la vida cotidiana, teniendo siempre presente mente la promesa de salvación eterna que Cristo nos ha asegurado.
El evangelio nos habla y nos recuerda que el hombre, frente a la intemperie, se vuelve temeroso; es nuestra fragilidad humana la que nos lleva a tener miedo, pero el Señor nos pide que no nos desanimemos , que no tengamos miedo a pesar de que habrá muchos eventos catastróficos y dolorosos en nuestra vida, porque a pesar de las tribulaciones, adversidades y persecuciones, el Señor siempre nos recuerda que estamos totalmente en sus manos, en las manos de Dios y Él no permitirá que caiga «ningún cabello de la cabeza de» nosotros.
¡Qué palabras tan tranquilizadoras nos da el Señor!
Garantiza que, a pesar de que todo parezca contra nosotros, nada nos puede pasar sin que tenga un significado más profundo, porque cualquiera que sea nuestra tribulación, siempre será parte de un plan mayor, un proyecto de salvación eterna que Dios desea para cada uno de nosotros.
¡Cuánta belleza y cuanta esperanza trae consigo este mensaje de hoy!
Incluso en nuestra vida familiar cotidiana, en nuestra vida de pareja, ¡cuántas tentaciones, tribulaciones, adversidades y persecuciones llegan!
Nuestra pareja es imperfecta porque los cónyuges somos imperfectos, débiles, deficientes y muchas veces faltos unos de otros y, tantas veces, ante las dificultades cotidianas, sentimos la fuerza y la esperanza y nos volvemos temerosos cuando la adversidad parece tener el control.
El sufrimiento resultante puede hacernos vacilar, pero sabemos que es parte de nuestro camino como esposos cristianos caracterizado por momentos de oscuridad que se alternan con momentos de luz, pero no debemos tener miedo porque Dios nos ha prometido que siempre estará con a nosotros. Traigamos entonces a nuestra mente todos aquellos momentos en que el Señor estuvo allí con nosotros sufriendo nuestro propio sufrimiento, tomándonos de la mano cuando lo necesitábamos, recordemos todas las veces que hemos sentido su dulce presencia, porque Él siempre está ahí.
En los momentos difíciles siempre miremos hacia arriba, siempre mantengamos la mirada fija en Dios.
Vivamos los momentos oscuros con vigilancia, esperanza y perseverancia, leyendo los signos y haciendo un cuidadoso y cotidiano discernimiento entre lo que es bueno y lo que es malo a los ojos de Dios y permaneciendo firmes, anclados a él con fe, porque Dios es nuestra roca sobre la que asentar y construir nuestra relación de pareja.
«Vino la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y chocaron contra esa casa, pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca». (Mt 7,25).
Señor, te pedimos que nos des perseverancia cada día, virtud y herramienta indispensable para alcanzar la salvación eterna. Haznos firmes en la prueba para que podamos resistir las seducciones del mal y las tribulaciones; permítenos vencerlas y enfrentarlas con paciencia y juicio, para que nuestra casa no sea edificada sobre la arena sino sobre Cristo, nuestra roca, permaneciendo siempre anclados a ti para caminar juntos hacia la santidad. Amén.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Si perseveran con paciencia, salvarán sus almas.
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19.
En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: «Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido». Entonces le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?» Él les respondió: «Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: «Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado». Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin». Luego les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles. Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí. Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida».
Palabra del Señor.