«Cada gesto de perdón repara la casa ante las grietas y consolida sus muros»
Por: Alessandra y Luca Monsecato (Alleanza di famiglie).
El evangelio de este domingo es una invitación a encarnar el perdón como acto de amor gratuito en nuestra vida familiar. El perdón de Dios hacia nosotros es un regalo inmenso que simplemente debemos acoger y que estamos llamados a dar a los demás. «Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6, 36). En la lógica del amor de Dios, el cristiano perdona un número infinito de veces, sin cálculos ni ganancias, precisamente porque la gracia de Dios para con él es infinita.
En la lógica humana, todo esto es a menudo incomprensible y, a veces imposible de implementar. Cuando nos sentimos heridos, el dolor, la desilusión y la ira son tan dominantes, que mirar al otro con sentimientos de perdón parece una utopía. Y si perdonar a los enemigos no es simple, en familia, ejercer la misericordia no es pues tan obvio. ¡Cuántas veces parejas, hijos, padres, hermanos se encuentran ante situaciones dolorosas! Traiciones, incomprensiones, mentiras, cuestiones de herencia, violencia. ¡Las oportunidades de conflicto son innumerables! Sin embargo, el perdón cristiano no es «no hablar más del asunto», fingir que no ha pasado nada, ni olvidar el mal sufrido. Perdonar no excluye tampoco la justicia humana y la búsqueda de la verdad, especialmente en casos de violencia, fraude y malos tratos.
El presbítero Luigi Maria Epicopo escribe: «Perdonar significa no dejar que la ira y el sufrimiento decidan en nuestro lugar. El perdón es desobedecer al dolor que pide venganza. ¡Nuestra voluntad puede decidir qué hacer con lo que sentimos!».
Nuestras familias no son lugares de perfección, sino lugares donde elegimos cada día implementar el perdón, sacando esta fuerza de Jesús: Él es el punto de partida. Es Él quien no se ha limitado solo a decirnos qué hacer, sino que lo hizo primero, perdonando a quien lo estaba clavando en la cruz.
«Cada gesto de perdón repara la casa ante las grietas y consolida sus muros» dijo el Papa Francisco. ¿Y qué hay más hermoso que dos esposos que reconstruyen su amor conyugal partiendo del perdón mutuo? ¿Qué es más tierno que un adolescente que se siente bienvenido por su padre? ¿Qué es más conmovedor que dos hermanos que redescubren su unión? Si la pareja se entrena en el perdón mutuo, los niños aprenderán a perdonar, redescubriendo la alegría de estar juntos. Pidamos entonces al Espíritu Santo que guíe a nuestras familias por el camino del perdón, que nos haga saborear la belleza de la misericordia divina, que sana los corazones y da vida.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
𝘠𝘰 𝘵𝘦 𝘥𝘪𝘨𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘥𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘴ó𝘭𝘰 𝘴𝘪𝘦𝘵𝘦 𝘷𝘦𝘤𝘦𝘴, 𝘴𝘪𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘴𝘦𝘵𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘴𝘪𝘦𝘵𝘦.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete». Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo». El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: «Págame lo que me debes». El compañero se le arrodilló y le rogaba: «Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo». Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Palabra del Señor.
