
Por: María y Sebastiano Fascetta (Alleanza di famiglie).
Jesús se dirige a Jerusalén y en el momento en el que entra en un pueblo, vienen a su encuentro diez leprosos, considerados por la religión de aquel tiempo como impuros, pecadores y, por tanto, malditos por Dios. De hecho, los leprosos fueron marginados, aislados, considerados muertos vivientes, sin esperanza; condenados por Dios y por los hombres.
Por su parte, Jesús no teme ser abordado, no teme ser contaminado, no considera a los leprosos pecadores sino que acoge su clamor de salvación, enviándolos al sacerdote.
Cabe señalar que la curación de los leprosos no se produce de inmediato, sino al caminar. ¿Qué significa esto para las parejas y familias de hoy? Sobre todo para aquellas parejas en crisis, que se sienten «sucias», en situaciones difíciles, ¿quizás de ruptura o estancamiento a nivel relacional y espiritual? Quiere decir que en nuestra «lepra», o en nuestras caídas, límites, pecado, sombra, caos…, podemos, como pareja, acercarnos a Jesús, podemos ir a Dios. Hay esperanza.
Justo cuando no nos dejamos aplastar y desanimar por los sentimientos de culpa, por los juicios y los prejuicios, y vivimos conscientes de la cercanía de Dios, a pesar de nuestros pecados, de nuestras heridas, de nuestras peleas, y nos ponemos en camino, surge la sanación, ocurre la liberación, la alegría de ser amado se hace más fuerte.
Amar es siempre empezar a amar de nuevo. Un inicio sin fin. El amor es una experiencia dinámica y no estática. Amar es viajar, explorar territorios biográficos, emocionales, cognitivos, afectivos… desconocidos para el propio cónyuge, para dejarse sorprender.
¿Cuál es la dirección de los cónyuges? Vivir el amor conyugal. Este es el camino, el estilo y la meta a alcanzar, día a día, dando gracias al Señor cada vez que aprendemos a amarnos dentro de nuestros límites, confiando en la palabra de Dios: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19.
En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: «¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?» Después le dijo al samaritano: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor.