
Por: Alessandra y Luca Monsecato (Alleanza di famiglie).
El evangelio de este domingo es rico en palabras que resuenan en nuestro corazón como duras advertencias, aunque en realidad, meditadas utilizando como filtro la lógica de Dios, traen luz a nuestra vida, porque están cargadas de la infinita misericordia que el Padre tiene hacia la humanidad entera.
Jesús no nos pide, de hecho, que abandonemos los afectos más queridos, pero sí que no permitamos que condicionen nuestra vida, hasta el punto de quedarnos estancados en ellos y perder de vista el verdadero fin, la verdadera vida.
Sólo en la medida en que seamos capaces de poner a Dios en primer lugar, por encima de todo y de todos, podremos gustar los frutos de su presencia en nuestra vida. Por eso, es necesario aprender a confiar en Dios, incluso cuando en el camino nos encontramos con cruces difíciles de aceptar, con situaciones dolorosas que no podemos comprender, y con momentos de sufrimiento que nuestra familia atraviesa. Sobre todo, cuando el dolor involucra a nuestros seres más queridos, padres, hijos y hermanos, nuestra humanidad gime y tiene dificultad para ver la cruz como signo de amor.
Así, Jesús nos invita a atravesar el dolor en compañía del amor del Padre para que podamos comprender la lógica de la cruz con ojos nuevos y espíritu nuevo.
Seguir a Jesús es una aventura que nos lleva a revolucionar nuestros esquemas mentales, nuestras expectativas, y nuestras prioridades. También como esposos, estamos llamados a dar un salto cualitativo; sin embargo, tenemos la posibilidad de hacer este cambio juntos, con la oración de la pareja, en virtud de nuestro sacramento. Juntos, podemos aprender a confiar en el Padre, a arrojarnos en sus brazos, a abrazar las cruces pequeñas y grandes de cada día y a decir con alegría: «Hágase tu voluntad».
Que el Espíritu Santo nos acompañe siempre en este camino de crecimiento y de madurez humana, y en la fe, para que podamos ser testigos de su amor en todas las circunstancias y situaciones de la vida.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
El que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33.
En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: «Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar». ¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo».
Palabra del Señor.