
«Fue a Cafarnaúm y se cumplió la profecía de Isaías».
Mateo 4, 12-23
La información que surge en tiempo real acerca de hechos confusos en distintos lugares del país y del mundo van sembrando cierta pesadez y preocupación en el ánimo de personas e instituciones. Cada día aparecen más interrogantes, confusiones, convulsiones, opiniones. ¿Qué pasará? ¿Cuándo y cómo terminará esta pesadilla?
Las crisis existenciales -personales y sociales- debieran provocar reflexiones inteligentes, deseos de solidaridad y colaboración con personas e instituciones para llegar bien librados a un fin justo y amable. Quisiéramos soluciones mágicas para los problemas que, ciertamente, no han aparecido por arte de magia. Ojalá no perdamos la esperanza de que podemos encontrar una salida que resuelva estructural y gradualmente las crisis que vivimos. El peor pecado sería manipular y comerciar con la esperanza de las víctimas.
La palabra de este Domingo de la Palabra de Dios -la única capaz de trascender personas, instituciones y coyunturas- proclama que la esperanza activa tiene sentido y es garantía para llegar bien librados hasta el final, si está fundada y sostenida en Jesucristo. Contemplemos el escenario evangélico y saquemos enseñanzas:
Los sucesos que observamos como actores y/o espectadores interpelan nuestra esperanza. Quizás, por estar subiendo con fatigas la cuesta de enero, nos encuentran más sensibles. Pero también puede ser el tiempo oportuno para escuchar ‘hasta el fondo’ el llamado urgente de la conversión. La paz, la solidaridad, la confianza, la responsabilidad, la alegría de vivir y convivir están al alcance de nuestra conversión. El Reino de Dios está tan cerca como nosotros se lo permitamos.
Con la bendición de Dios.
+ Sigifredo
Obispo de / en Zacatecas
