Por: Magadalena y Carlos Altamirano-Morales (DIFAM Zacatecas – Alleanza di famiglie).
El pasaje evangélico de este domingo subraya el tema fundamental de este tiempo fuerte de Cuaresma: la invitación a la conversión. Convertirse no quiere decir reprimirse, sino expandir nuestra mente y nuestro corazón, para poder recibir a Dios, con su inmensidad, para dejarnos amar por Él, para gozar de todos sus regalos, y para descubrir la belleza de nuestra misión, como personas y como familias, una misión que nos permite una vida plena y feliz.
Con su respuesta, Jesús aclara que Él es la Misericordia, que no quiere castigar, que lo malo no es morir en esta tierra, sino morir a la vida eterna. El mayor mal es no vivir con plenitud, una plenitud que solo podemos alcanzar con Dios, pues Él es la fuente vital de todo ser, como lo manifiesta por su nombre: «Yo-soy».
Jesús se preocupa por nuestro bien y por nuestra felicidad y sabe que la vida plena solo puede realizarse si nos injertamos en él y le permitimos entrar en nosotros, para ser conductos de su gracia, y así dar frutos como el amor, la compasión, y la paz. Si no lo hacemos, si nos cerramos a Él, somos como el árbol estéril y sin frutos que aquel hombre quería cortar, somos incapaces de hacer el bien y de amar.
Afortunadamente, Dios nos muestra su misericordia y paciencia, e inclusive se compromete a preparar la tierra y a abonar esa higuera que no da fruto. Nos da la oportunidad de cambiar, de ampliar nuestra mente y corazón para dejarlo entrar y poder así cumplir nuestra bellísima misión de ser transmisores de su amor. Dios nos da el tiempo y los medios para esa conversión, pero al mismo tiempo nos invita a no perder la oportunidad. «La prórroga implorada y concedida mientras se espera que el árbol finalmente fructifique, también indica la urgencia de la conversión» (Angelus, 24 marzo 2019).
En la primera lectura, la zarza ardiente que no se consume nos recuerda que Dios no compite con nosotros, que puede estar a nuestro lado, en nuestra vida, sin disminuirnos, sino, al contrario, dándonos más vida y alimentando nuestro ser. Por otra parte, al manifestar su nombre a Moisés, Dios no solo se muestra como el dador del ser, sino que también se hace accesible a nosotros y nos permite entablar una relación con Él. Apreciemos esta oportunidad.
Aprovechemos la ocasión para convertirnos, al ensanchar nuestra mente y descubrir la grandeza del plan de Dios, para que su gracia haga fecunda la vida familiar. Aprendamos de Él. Que seamos también nosotros quienes preparemos la tierra y abonemos alrededor de los árboles de nuestros seres queridos. Que seamos pacientes y no demos por perdido a ningún miembro de la familia, aunque por ahora dé poco o ningún fruto. Convirtámonos y colaboremos en la conversión de los demás. No perdamos la oportunidad que nos ofrece esta bellísima misión.
EVANGELIO
Si no se arrepienten, perecerán de manera semejante.
✠ Del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: «¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante». Entonces les dijo esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: “Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?” El viñador le contestó: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré”».
Palabra del Señor.