Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama
Por: Lina y Dino Cristadoro (Alleanza di famiglie).
Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama.
Este domingo la liturgia nos presenta una controversia entre Jesús y los representantes de varios grupos religiosos de la época. Los herodianos se vuelven hacia él con adulaciones: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra… »; pues, querían inducir a Jesús a declararse a favor o en contra de César.
Jesús, teniendo en mano la moneda, sobre la que estaba impresa la imagen de César, contesta sorprendentemente con una respuesta que se ha hecho famosa: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
¿Qué significa «dar al César lo que es del César» hoy, para nosotros, las familias? ¿Y qué significa dar a Dios lo que es de Dios? Estas palabras necesitan ser decodificadas, pues, existe el riesgo de crear confusión en las relaciones entre el Estado y la Iglesia, entre la autoridad política y los cristianos.
Las familias están llamadas, como ciudadanos del Estado, a observar las leyes del mismo, y a reconocer a la autoridad, pero el cristiano debe todavía reconocer siempre «lo que es de Dios».
Reconocer la dignidad de todo ser humano significa dar a Dios lo que es de Dios, porque fuimos creados a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26-27).
Las familias cristianas tenemos el deber de vigilar ciertas leyes que, si bien se promulgan para respetar la «pseudo» libertad de autodeterminación, en realidad a menudo no coinciden con el plan de Dios para la humanidad.
Nos bombardean con mensajes engañosos, incluso en temas relacionados con la educación de nuestros hijos. En efecto, pretenden ignorar el presupuesto fundamental de la dignidad humana basado en la identidad sexual, y tienden a profanar la vida desde su inicio hasta su fin.
Así, en nuestras familias, nos encontramos con «esa moneda» y a menudo corremos el riesgo de complacer más a César que a Dios.
Dios es el dador de la vida, y Jesús dice de sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6).
Cuando las leyes no tienen en cuenta la pobreza social, económica y sanitaria, cuando no eliminan las desigualdades, que tienen repercusiones inevitables en la vida familiar, ¡Dios no es honrado!
Debemos alzar la voz para defender «lo que es de Dios». Es decir, reconocer y proclamar —frente a cualquier tipo de poder— que solo Dios es el Señor de la humanidad, y no hay otro.
Recuperemos el tiempo para la oración, vivamos en nuestras familias y en la sociedad el Evangelio que habla a nuestra vida de cristianos, es decir, aquel de Cristo, ¡de cómo da a Dios lo que siempre le ha pertenecido! El Evangelio nos habla de Jesús y de su amor por cada ser humano, y esto es precisamente lo que necesitamos.
Por lo tanto, César debe aliarse con Dios para promover leyes justas, que respeten a la humanidad y su dignidad.
«Dar a Dios lo que es de Dios» significa para nosotros, los matrimonios, redescubrir la raíz del sacramento esponsal que celebramos, el cual da fuerza y sentido a nuestras vidas, porque Cristo camina con nosotros.
Hoy, Dios espera que tomemos nuestras decisiones por Él; que sobre el deber de respetar al César, ¡mostremos siempre la belleza de Dios!
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
𝘋𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘊é𝘴𝘢𝘳 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘊é𝘴𝘢𝘳 𝘺 𝘢 𝘋𝘪𝘰𝘴 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘋𝘪𝘰𝘴.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo. Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?». Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo». Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Y Jesús concluyó: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
Palabra del Señor.
