Dios nos llama a la plenitud de la alegría, a disfrutar su presencia, incluso en medio de la fatiga y de la prueba

Por: Filippa y Gino Passarello (Alleanza di famiglie).

El evangelio de hoy nos habla de un banquete que el rey prepara para la boda de su hijo, y al cual son invitados, primero los amigos, y luego, al rechazo de estos, todos los hombres, buenos y malos.

El banquete representa la invitación de Dios a todos a compartir la alegría de la celebración. En todo corazón humano reside, de hecho, un profundo anhelo de felicidad, una necesidad irrefrenable de ser amado.

El tema de las bodas recorre toda la historia de la salvación. Representan el misterio oculto del que habla san Pablo: el plan de Dios para reconciliar a la humanidad consigo mismo a través de Jesús, el Esposo.

Nosotros, los esposos, por la gracia del sacramento del matrimonio, participamos plenamente de este plan nupcial, porque hacemos presente y visible, mediante nuestro amor, el amor con el que Jesús ama a su Iglesia.

Los esposos, de hecho, como afirmó Juan Pablo II, no se aman «como», sino «con» el mismo amor con el que Jesús ama a su Iglesia. Afirma el santo Papa en Familiaris Consortio: «El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó» (FC, 13 ).

El matrimonio no es solo un hecho privado entre los esposos sino una llamada, una invitación de Dios para ser signo visible de su fidelidad. Cada gesto diario, cada acto de amor, aunque sea pequeño, permite a Dios manifestar a los hombres su amor infinito e indisoluble, para continuar tejiendo su historia de amor con la humanidad.

Dios nos llama a la plenitud de la alegría, a disfrutar su presencia incluso en medio de la fatiga y de la prueba. Sin embargo, a menudo, los compromisos de la vida diaria, como les ocurre a los invitados de la parábola, nos llevan a rechazar la invitación del rey.

Son muchas las cosas que hacer, el trabajo cada vez más exigente, la casa, el cuidado de los niños no nos dejan tiempo para la oración, para participar del banquete eucarístico. Corremos sin parar y, poco a poco, acabamos por dar un valor absoluto a lo que es contingente, y perdemos de vista la meta que es el encuentro con el Esposo y, a veces, también el gusto por la vida y la belleza de la gratuidad en las relaciones familiares.

Vivir el matrimonio como una llamada nos ayuda a permanecer abiertos al misterio y nos hace experimentar cómo el agua de nuestro amor, si está abierta a la presencia del Espíritu, se transforma cada día en el vino nuevo del amor de Dios y cómo los compromisos de la vida cotidiana, en realidad, representan los pocos panes y peces que el Señor bendice y multiplica para alimentar a los que tienen hambre de amor verdadero y buscan el rostro de Dios.

Que todas las familias acepten la invitación del Rey para descubrir que el Esposo está con nosotros, que nunca estamos solos frente a las tempestades de la vida y que la alegría de la fiesta ya ha comenzado.

(Traducido del original en italiano).

EVANGELIO

𝘊𝘰𝘯𝘷𝘪𝘥𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘣𝘢𝘯𝘲𝘶𝘦𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘣𝘰𝘥𝘢𝘴 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘯.

✠ Del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-10

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados».

Palabra del Señor.

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