Tener un corazón humilde es la única condición para conocer a Dios
Por: Daniela y Giuseppe Gulino (Alleanza di famiglie).
El evangelio de hoy comienza con la exultante alabanza de Jesús a Dios Padre: «Señor del cielo y de la tierra». En su infinita grandeza, sabiduría y benevolencia, el Señor del mundo se revela a los pequeños y a los sencillos. No son los presuntuosos, los soberbios, los arrogantes y aquellos que solo tienen que enseñar y nada que aprender de los demás quienes pueden comprender la revelación del Reino de los Cielos, el mensaje completo del Evangelio y el secreto de la vida, sino los pequeños y los sencillos. Un pequeño comprende pronto lo esencial; ¡sabe al instante si lo amas o no! Se necesita humildad de corazón para comprender la belleza, la riqueza y la grandeza del mensaje liberador y revolucionario de Jesús.
Es esta actitud de humildad y sencillez la que los cónyuges deben tener para saborear y ser, cada día, una expresión de la presencia de Dios en sus vidas. «Tú, mi esposo/a, me has sido dado/a por Dios para que pueda aprender de ti y complementarme contigo».
Lo que impide al hombre conocer al Padre y al Hijo con la misma intimidad con la que ellos se conocen entre sí no es el conocimiento ni la ciencia, sino un corazón orgulloso y una conciencia egocéntrica. El nuestro es el Dios que: «derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes» (Lucas 1, 52).
Tener un corazón humilde es la única condición para conocer a Dios y «sus cosas», para poder entrar en su reposo y encontrar en él consuelo y refugio para nuestras vidas, para nosotros, los cónyuges, para nuestras familias y para cada hijo de Dios.
El maestro es humilde y, por ello, solo aquellos que permanecen en la humildad son colamdos por su amor. Finalmente, es a los humildes a quienes Jesús pide que tomen su yugo «suave y ligero». En lenguaje bíblico, el yugo representa la ley y la ley de Jesús es el amor: tomen sobre ustedes el amor, cuídense unos a otros con ternura, cuídense a sí mismos, cuiden la creación.
Jesús nos enseñó el amor amándonos. Dejémonos ser amados por Jesús y aprenderemos a amar.
(Traducido del original en italiano).
EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón.
✠ Del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
